Hola. Te hago partícipe de mi carta pública de protesta por la forma de proceder del jurado de este año, del concurso de ensayo del CDP de nuestra ciudad:
Sin importar que se piense que lo que digo a continuación sea producto de no haber ganado el concurso de ensayo del Colegio Dominicano de Periodistas de Santiago en este año, (en otros momentos he obtenido el primer, segundo, tercer lugar y cuatro menciones, como también en otras ocasiones no he ganado ningún galardón, sin ser esto un elemento de enfado o cuestionamiento de mi parte) hago pública mi indignación por lo que considero falta de respeto a los 16 participantes de esta ocasión y violación flagrante a las bases del concurso, por parte del jurado.
En un hecho sin precedente, los jueces de este año, en un acto de prepotencia “intelectualoide” declararon desierto los tres primeros lugares y no otorgaron una cuarta ni una quinta mención, sino que de pena, de limosna y de forma humillante e irrespetuosa dieron dos menciones similares, a dos trabajos de dos concursantes, que según ese jurado habrían hecho algo parecido, nunca un ensayo.
Lo cierto es que este hecho, por la ambigüedad y arbitrariedad evidente, en vez de motivar la participación de más personas al concurso, ahuyenta a los que no han participado y a los tradicionales concursantes. El año que viene también los premios podrían ser declarados desiertos.
Los dos trabajos premiados pírricamente debieron ser objeto del primer y segundo lugar y determinarse el tercer puesto y las dos menciones.Según los “sabios” jueces, ninguno de los trabajos fue merecedor de ser considerado ensayo y lo peor de todo, es que muchos de los concursantes hemos dado como bueno y válido este dictamen.
Cuestiono el conocimiento de lo que es un ensayo por parte de ese jurado y sus distintas modalidades: ensayo literario, periodístico, científico e histórico, entre otros.
Por lo dicho por la portavoz y única de los jueces asistentes en la noche de entrega de los premios, el criterio dominante fue estructuralismo literario. Lo esquemático venció al contenido, que evidentemente no se valoró. Entiendo que el declarar así por así desierto un premio tampoco le conviene a la imagen del grupo patrocinador y pudiera mover a suspicacias.
Considero también una falta de respeto a los participantes por parte del jurado el hecho de que en la noche del polémico veredicto, dos de los tres jueces no asistieran. Es decir, los concursantes no nos merecíamos una explicación contundente de la descalificación de la que fueron objetos nuestros trabajos, por parte de estos “Semidioses” sabelotodos.
Este dictamen no sólo descalifica a los 16 concursantes de este año, sino a todos los ganadores de antaño y por supuesto a quienes han sido los jurados en toda la historia de este certamen. Reflexiono: ¿Los 16 participantes de este año –todos- nos pusimos más torpes en esta ocasión y ninguno hicimos un trabajo merecedor de ser considerado ensayo? ¿O será que nunca, según este jurado hemos hecho ensayos? Reitero, esto hablaría mal de los concursantes y de los jueces pasados
Destaco una gran contradicción: Si se trataba de un concurso de ensayo, y si nadie hizo uno, tampoco debió de haber menciones. Es más, debió cancelarse la ceremonia de entrega, pero no, al parecer, los jueces querían echar abajo a los participantes, cuando tras regañarlos y criticarlos, “bondadosamente otorgaron dos incentivos monetarios a dos trabajos que se acercaron, pero que nunca fueron, ensayo.
Las recomendaciones del jurado de este 2010, sugiriendo jornadas y talleres donde se “enseñe” lo que es un ensayo, también hablarían mal de quienes han sido facilitadores y participantes en otros tiempos. Estos jurados recomendaron actividades formativas que llevan años desarrollándose, por lo que, y siempre a su estrecho criterio, no nos han servido para nada.
Lamentablemente la pasividad con que los periodistas asumimos muchas cosas que se dan en torno a nuestra carrera está íntimamente ligada a la baja autoestima y valoración que tenemos de nuestra profesión, por eso muchos nos ponemos a estudiar otras profesiones que consideramos nos dan más estatus y prestigio. Habitualmente nos dejamos apabullar de las ideas de otros profesionales. ¿Si nosotros no nos defendemos, quien lo hará?
En definitiva, manifiesto que para motivarme a concursar el venidero año, habrá de ser luego de una modificación a las bases del concurso, que expresamente establezcan claros criterios y pautas de acción de los jurados, que reduzcan los subjetivismos y ambigüedades, que incluyan la obligatoriedad de entregar los tres premios y las dos menciones, salvo que el número de participantes sea menor al de los galardones o que tras un transparente y metódico primer proceso de evaluación, con amplitud mental y de corrientes estilísticas, se desestimen trabajos por comprobarse no ser realmente ensayos. Nunca defenderé que se entreguen premios de ensayo a trabajos que no lo sean, pero que me lo demuestren. También es básico que entre los jueces exista un profesional del periodismo, en esta ocasión los tres jurados fueron una licenciada en Letras, un historiador y un abogado. ¿No existe entre los periodistas nadie con capacidad para evaluar ensayos?
¿El concurso de ensayo “René Fernández” es nuestro o de quien es?
Ángel Espinal Martínez.
Sin importar que se piense que lo que digo a continuación sea producto de no haber ganado el concurso de ensayo del Colegio Dominicano de Periodistas de Santiago en este año, (en otros momentos he obtenido el primer, segundo, tercer lugar y cuatro menciones, como también en otras ocasiones no he ganado ningún galardón, sin ser esto un elemento de enfado o cuestionamiento de mi parte) hago pública mi indignación por lo que considero falta de respeto a los 16 participantes de esta ocasión y violación flagrante a las bases del concurso, por parte del jurado.
En un hecho sin precedente, los jueces de este año, en un acto de prepotencia “intelectualoide” declararon desierto los tres primeros lugares y no otorgaron una cuarta ni una quinta mención, sino que de pena, de limosna y de forma humillante e irrespetuosa dieron dos menciones similares, a dos trabajos de dos concursantes, que según ese jurado habrían hecho algo parecido, nunca un ensayo.
Lo cierto es que este hecho, por la ambigüedad y arbitrariedad evidente, en vez de motivar la participación de más personas al concurso, ahuyenta a los que no han participado y a los tradicionales concursantes. El año que viene también los premios podrían ser declarados desiertos.
Los dos trabajos premiados pírricamente debieron ser objeto del primer y segundo lugar y determinarse el tercer puesto y las dos menciones.Según los “sabios” jueces, ninguno de los trabajos fue merecedor de ser considerado ensayo y lo peor de todo, es que muchos de los concursantes hemos dado como bueno y válido este dictamen.
Cuestiono el conocimiento de lo que es un ensayo por parte de ese jurado y sus distintas modalidades: ensayo literario, periodístico, científico e histórico, entre otros.
Por lo dicho por la portavoz y única de los jueces asistentes en la noche de entrega de los premios, el criterio dominante fue estructuralismo literario. Lo esquemático venció al contenido, que evidentemente no se valoró. Entiendo que el declarar así por así desierto un premio tampoco le conviene a la imagen del grupo patrocinador y pudiera mover a suspicacias.
Considero también una falta de respeto a los participantes por parte del jurado el hecho de que en la noche del polémico veredicto, dos de los tres jueces no asistieran. Es decir, los concursantes no nos merecíamos una explicación contundente de la descalificación de la que fueron objetos nuestros trabajos, por parte de estos “Semidioses” sabelotodos.
Este dictamen no sólo descalifica a los 16 concursantes de este año, sino a todos los ganadores de antaño y por supuesto a quienes han sido los jurados en toda la historia de este certamen. Reflexiono: ¿Los 16 participantes de este año –todos- nos pusimos más torpes en esta ocasión y ninguno hicimos un trabajo merecedor de ser considerado ensayo? ¿O será que nunca, según este jurado hemos hecho ensayos? Reitero, esto hablaría mal de los concursantes y de los jueces pasados
Destaco una gran contradicción: Si se trataba de un concurso de ensayo, y si nadie hizo uno, tampoco debió de haber menciones. Es más, debió cancelarse la ceremonia de entrega, pero no, al parecer, los jueces querían echar abajo a los participantes, cuando tras regañarlos y criticarlos, “bondadosamente otorgaron dos incentivos monetarios a dos trabajos que se acercaron, pero que nunca fueron, ensayo.
Las recomendaciones del jurado de este 2010, sugiriendo jornadas y talleres donde se “enseñe” lo que es un ensayo, también hablarían mal de quienes han sido facilitadores y participantes en otros tiempos. Estos jurados recomendaron actividades formativas que llevan años desarrollándose, por lo que, y siempre a su estrecho criterio, no nos han servido para nada.
Lamentablemente la pasividad con que los periodistas asumimos muchas cosas que se dan en torno a nuestra carrera está íntimamente ligada a la baja autoestima y valoración que tenemos de nuestra profesión, por eso muchos nos ponemos a estudiar otras profesiones que consideramos nos dan más estatus y prestigio. Habitualmente nos dejamos apabullar de las ideas de otros profesionales. ¿Si nosotros no nos defendemos, quien lo hará?
En definitiva, manifiesto que para motivarme a concursar el venidero año, habrá de ser luego de una modificación a las bases del concurso, que expresamente establezcan claros criterios y pautas de acción de los jurados, que reduzcan los subjetivismos y ambigüedades, que incluyan la obligatoriedad de entregar los tres premios y las dos menciones, salvo que el número de participantes sea menor al de los galardones o que tras un transparente y metódico primer proceso de evaluación, con amplitud mental y de corrientes estilísticas, se desestimen trabajos por comprobarse no ser realmente ensayos. Nunca defenderé que se entreguen premios de ensayo a trabajos que no lo sean, pero que me lo demuestren. También es básico que entre los jueces exista un profesional del periodismo, en esta ocasión los tres jurados fueron una licenciada en Letras, un historiador y un abogado. ¿No existe entre los periodistas nadie con capacidad para evaluar ensayos?
¿El concurso de ensayo “René Fernández” es nuestro o de quien es?
Ángel Espinal Martínez.

