Por Fernando Peña
(Parte Final)
Las razones sobran enumerarlas.
Ante el posicionamiento de Leonel Fernández como nuevo caudillo, y líder de su partido, Hipólito Mejía quería hacer otro tanto y vio en Miguel Vargas su obstáculo principal, es por ello que desata los demonios en el partido blanco, y a sangre y fuego trata de impedir el posicionamiento institucional y político de Miguel Vargas en el PRD.
Aquí se da el cuadro de un ex presidente que quiere volver al Poder, un nuevo líder que lucha por llegar al Poder y un presidente en ejercicio que se las arreglas, a como dé lugar, para extenderse en el Poder peso a los limites constitucionales.
Pero, este cuadro político es peligroso, estos nuevos caudillos en su afán de polarizar pueden desintitucionalizar el sistema político, convirtiéndose en un riesgo para la democracia.
Observen que ellos y sus pugnas son lo que han pasado a dominar la política en nuestro país.
Hipólito Mejía y Miguel Vargas tienen la obligación y el deber de buscar una salida institucional a sus confrontaciones y adversidades. De no hacerlo seguirán sumiendo al PRD en la crisis, y lo alejan más y más del Poder. Ellos, y solo ellos pueden acabar con la crisis interna, con las divisiones, con las fugas de dirigentes y votantes.
La unidad de Miguel e Hipólito debe darse ya, ahora, pensar en el pueblo, en los militantes y dirigentes del PRD de a pie, extirpar las malquerencias y restañar las heridas reales o imaginarias. Trabajar cada uno por lograr su objetivo de ser candidato presidencial, porque en definitiva al final, sea cual sea el ganador, solo habrá una victoria, que será el triunfo del PRD.
El PRD puede llegar nueva vez al Poder solo con la unidad y la renovación, con el empoderamiento de las gentes que clama por reivindicaciones sociales, económicas y políticas.
La unidad de estos dos gladiadores impedirá la permanencia en el Poder del PLD y el continuismo de Leonel Fernández. Esa es la única formula para enfrentar con éxito a Leonel Fernández, porque con los poderes que disfruta, siempre tendrá una ventaja por encima de la oposición, hasta el extremo de violentar las restricciones que le impiden continuar.
¡A Hipólito y a Miguel, la historia les juzgará! (Ver Parte II)

